El pueblo unido, jamás será vencido.

Reza una canción chilena "El pueblo unido jamás será vencido", y con un sentido meramente revolucionario, en esa letra, Quilapayún nos regala una muestra de esa mentalidad hirviente de sangre liberal y en guerra.

Traspolándolo a México la revolución armada, propiamente dicha quedó atrás, sin embargo no debemos dejar de lado la verdad de esa frase sobre nuestra muy golpeada nación. Nuestro país se encuentra desde hace varias décadas en un transe que nos ha parecido interminable.

En la últimos treinta años hemos sufrido tres devaluaciones declaradas, un error de diciembre (¡que tal si hubieran sido dos!), una creciente y constante lucha contra el crimen organizado, una oleada interminable hasta hoy de políticos corruptos e interesables, tratados de libre comercio pactados pero no vividos, déficit en las arcas de nuestro sistema de salud con conatos de huelga, sindicatos malandros y corrompidos que no dejan más que una bola de holgazanes a nuestras fuerzas laborales, sueldos estratosféricos a nivel senado, ataques virales y bacteriológicos, influenza y dengue por recordar un poco, ex presidentes muy ricos y ciudadanos muy pobres, entre muchísimas otras cosas que no entendemos del todo bien, como los puntos porcentuales en vertiginosa caída de la BMV (Bolsa Mexicana de Valores), las reestructuraciones bancarias que de a pesito en pesito nos bajan el saldo, el ataque de nuestro subconsciente malinchista o mejor escrito y dicho made-in-chista, así como una mentalidad conformista y mediocre de nuestra ciudadanía que piensa que con leer y escribir están del otro lado, o bien terminan del "otro lado" por lo mismo, falta de preparación. Pero aún y con todo lo sumado y lo que restado está, México sigue malherido pero caminando, si tan sólo volteáramos a retomar un poco de nuestra raíz valorando la tierra que pisamos que es nuestra, no de los inversionistas extranjeros ni de los monopolios gubernamentales que nos rigen, otra historia sería.

Ese casi perdido pero todavía existente valor de la familia que nos ha caracterizado ante el mundo nos puede llegar a salvar de muchas problemáticas. Si los padres se preocuparan por educar a sus hijos, habría menos pandilleros y drogadictos, más gente educando y mejores políticos gobernando. México vive y seguirá viviendo pese a las adversidades porque somos un país de gente luchadora, gente que se parte el lomo por conseguir el pan de su mesa, gente que a pesar de vivir bajo un régimen de hacienda que mata los pocos ingresos que perciben, batalla y sigue en la contienda por sacar a flote a los suyos. Los valores de nuestra gente deberán de retomarse para nunca más dejarlos de lado. Honestidad, respeto, entrega a su trabajo, buenas intenciones y una mentalidad de cambio harán que poco a poco nuestro país se sumerja en un periodo de cambio que cual Ave Fénix haga renacer a un incipiente país en "vías de desarrollo" de las cenizas de nuestra falta de compromiso con nosotros mismos y con nuestra patria.

Es cierto, Quilapayún nos da una bofetada de memoria, "El pueblo unido jamás será vencido", o mejor escrito EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO, en mayúsculas y sin comillas, somos la fuerza de cambio de nuestro vivir, somos los que con nuestros actos haremos de éste pedazo de planeta algo de valor y con sentido. Solía decir un todavía vivo comandante cubano (como si con decir comandante no bastara), "las revoluciones se ganan con sangre", vivamos esa revolución que nuestra sociedad reclama, pero ahora no la ganemos con sangre, ganémosla con compromiso y con esa eterna búsqueda de la verdad, esa verdad que nos marca y nos endereza, esa verdad que nos reúne en casa con los amigos, esa verdad que nos lleva a celebrar graduaciones en universidades y aumentos de sueldo en las empresas, a esa verdad que ilumine las calles con arbotantes y nos de de beber con un uso adecuado de nuestros recursos naturales, esa verdad que nos de el valor como hombres de tener una sola mujer y como mujeres de vivir en pro de crecer con los hombres y no en contra de ellos, esa eterna y arrolladora verdad de que las guerras de ningún tipo son buenas y que la mejor forma de vivir es en paz, verdadera paz humana, con el hombre, con tu Dios cualquiera que sea y sobre todo contigo mismo, a esa verdad que nos haga levantar la cara con un orgullo todavía más grande al momento de decir en donde quiera que estés, soy Mexicano. No te preocupes, ocúpate. Hay que comprar la idea, es hora de ocuparnos.

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