En la conquista de mi reflejo.

El filósofo chino Lao Tse asevera que quien conquista a otros es fuerte, mas quien se conquista a sí mismo es poderoso, hoy en día éste concepto es denominado autocontrol. El peso de sus palabras es claro aunque el tema es debatible, al respecto Kenfer y Phillips (1970) lo definen como la capacidad del sujeto para poner su comportamiento bajo su propio control. Ésta y varias definiciones más nos dan una idea del trabajo que se debe gestar en nuestras personas a la hora de reaccionar a los distintos estímulos que se nos presentan.

Éste autocontrol se logra con el manejo oportuno de varios factores; la educación recibida en casa, la instrucción recibida en la escuela y las experiencias de vida que nos van formando como personas. Nosotros como papás y maestros de nuestros hijos (sea de profesión o no) somos responsables de dictar los límites de sus reacciones, no prendamos tener alumnos y/o hijos que manejen un autocontrol sobre sus acciones si no les hemos inculcado ni ofrecido esas herramientas para su comportamiento.

En una ocasión conviviendo con unos conocidos y platicando sobre las reacciones de los hijos, un común denominador de la plática fue que los jóvenes y niños de hoy en día sobre-reaccionan a lo que les pasa y en ese sentido se percibe una falta de control sobre su disciplina, pero considero que lo que debemos de voltear a ver no es la ¨falta de disciplina¨ en ellos, sino la inconsistencia de nosotros como educadores para con ellos.

En la medida que no vivamos de manera excesiva nuestros gustos y placeres y se los reflejemos a ellos, que limitemos nuestras interacciones únicamente a interacciones de valor, respetuosas, veraces y útiles, y que les enseñemos que el mundo no gira en torno a ellos, sino que ellos, como todos, giramos en torno al mundo, la manera de reaccionar ante las vicisitudes de la vida deberán de ser más apropiadas y controladas.

No es fácil, en ningún momento estoy diciendo que sea sencillo el enseñarle a una persona, carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, que no es el centro del universo y que requiere de un comportamiento ético y responsable para poder ser funcional y además adaptarse a un mundo cambiante y exigente, cuando ellos per-se son nuestro centro y lo más preciado que tenemos en nuestra vida, por ello y en consecuencia de que sabemos lo que cuestan las cosas, y lo que se requiere en esfuerzo para lograr salir adelante en paz y siendo personas de respeto, nuestro amor y cariño hay que dejarlo paralelo a la disciplina que ellos requieren para su vida, logrando así en la medida de lo posible, tener el día de mañana mejores personas para una mejor sociedad. Vale más una buen correctivo a tiempo, aunque nos duela, que querer después contener en nuestras manos un borbotón de agua en caída libre.

Literatura de apoyo: Kenfer, F. H., Y Phillipl, J. S. Learningfoundations of behaiortheraphy. Nueva York: Wlley, 1971.

Otros artículos...