Ayudando en unos y ceros.

Miles de “likes” desfilan por los servidores de Facebook invitando a la gente a ser compasivos, a ayudar, a ser caritativos, a ser empáticos con el débil, demostrando con esto una mejor y más amplia calidad humana en general.

Es muy gratificante ver como los jóvenes y los no tan jóvenes se unen en pro de causas nobles y generan conciencia con su “actuar” cibernético, denotan conciencia, promueven apoyo y lo mejor de todo, dan luz de un mejor futuro para todos de entre la oscuridad violenta, insensible y poco humana de nuestra sociedad.

Pero con todas estas buenas noticias y acciones, y con una juventud que empuja y reflexiona no resulta suficiente. El hambre sigue existiendo, la violencia inunda los hogares, los índices de divorcios siguen a la alza y no se percibe una mejoría en el ánimo de la gente en cuanto a ser feliz. Y buscando explicaciones del porqué no mejora lo que pareciera que mejora, nos topamos con una vida virtual que por uso y costumbre se a permeado en la vida real, dejando de lado la concretización de los actos que se presumen en las redes, lo que en otras palabras, estamos llenos de personas que viven como personajes y que lo que hacen no lo hacen sólo lo dicen.

Y es ahí donde debemos de trabajar. Hagamos que la conversación cara a cara sea más frecuente que la que se vive en video, hagamos que un apretón de manos nos de más confianza que un montón de “me gusta” en una selfie, enseñemos a los niños que alimenta más un pedazo de pan dado a una persona en la banqueta de la calle que 120 fotos en el álbum de alguna campaña publicitaria sobre hambruna, despertemos la conciencia de que caminamos con los pies y no con carros, de que un abrazo reconforta más que un diploma, que una llamada de cumpleaños vale mil vences más que una felicitación en el muro, que la gente es gente porque llora, ríe, sufre, goza, brinca, baila, se cae y se levanta, que la trascendencia se centra en que nos recuerden por nuestros actos buenos, por haber hecho el bien a los demás, por haber ayudado al anciano y guiado al infante, por haber defendido al débil y controlado al abusador, por ser y no por parecer.

En ese sentido no ayudemos en un lenguaje binario de ordenadores, los ceros y unos no dan lo que se necesita para mejorar ésta sociedad, no digamos que hacemos, mejor simplemente hagamos y no dejemos que la indiferencia dicte los límites, dejemos que la bondad actúe en las vías de la empatía.

Martin Luther King mencionó que no le dolían los actos de la gente mala, sino la indiferencia de la gente buena, y en ese sentido, no todo está perdido, si damos nuestra mejor versión de nosotros mismos y nos despertamos de ésta “siesta” virtual en la que nos hemos tirado a descansar, dejaremos esa indiferencia de lado y entonces, solo entonces tendremos una evolución se dará.

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