Cuando se habla de juventud, los tertulianos sacan lo mejor de su repertorio de muecas. Generación Nini, generación perdida, niñatos… son algunas de las lindezas que he escuchado y que alguna que otra vez han salido de mi boca, por qué no reconocerlo. Podríamos matizar la realidad de la juventud actual y siempre caeríamos en la generalización, sin tener en cuenta la particularidad.

Personalmente, creo que estamos ante las generaciones más creativas de la historia. El motivo no es otro que los avances tecnológicos y las posibilidades de formación. Dentro de la cultura, tan de moda ahora por la ley Sinde, hoy día podemos encontrar directores de cortometrajes o videos que circulan por internet, cuya calidad sobrepasa con creces los primeros trabajos de algunos cineastas consagrados en la actualidad. Series que pueden verse en la red como Malviviendo tienen una ejecución práctica más que aceptable, a pesar de estar realizadas con los medios más básicos. La razón es simple. Sus creadores saben de qué va la historia porque lo han mamado durante su etapa formativa y sobre todo, porque han visualizado miles de videos en la red hasta dar con la idea que perseguían.

Como ejemplo práctico también podemos acudir, como siempre a la música. Antes eran unos privilegiados los que recibían una formación musical adecuada para desarrollar su talento musical. Hoy día hasta las personas con el oído más duro tienen la oportunidad de acudir a un conservatorio. Por ello, aquel que tiene unas condiciones excepcionales para la música se sale del parchís. Es el caso del video que os muestro a continuación y con el que me topé hace algunos días.

Luka Sulic (23 años) y Stjepan Hauser (24 años), son dos jóvenes chelistas croatas que podemos escuchar interpretando a Tchaikovsky o Rachmaninov, con la misma facilidad que tocan piezas de Piazzolla. Su calidad les vale para esto, pero también para atreverse a versionar al mismísimo Michael Jackson a golpe de arco.