La disciplina en la Educación

El comportamiento de las personas se va marcando por lo que vive o deja de vivir. Es claro que las personas buscan cubrir las necesidades y carencias que hayan tenido en su niñez y juventud con excesos en su adultez, y que  a su vez busquen lo mejor para sus hijos cuando en ocasiones ellos no estuvieron en posición de tenerlo.

El hombre es la única criatura que ha de ser educada. Entendiendo por educación los cuidados (sustento, manutención), la disciplina y la instrucción (M. Kant). Aquí además de tocarse a la educación como cuidados y como instrucción se toca un punto clave en el desarrollo del individuo, la disciplina. Y sobre éste concepto hay varios escritores, pedagogos y filósofos que escribieron al respecto, teniendo como un aspecto clave del desarrollo académico de los alumnos la disciplina de los mismos.

Por otro lado tenemos a Juan Bosco con la teoría de que cumplir con los deberes  de estudio y de trabajo era indispensable para tener una vida seria y feliz, que el cumplimiento de dichos deberes sólo se darían al adquirirse el hábito de la disciplina, de la honradez moral y de la ciudadanía. Al igual que Kant menciona que la disciplina es parte importante del desarrollo de los individuos como personas en la sociedad.

Por su parte, Ortega y Gasset en 1940 comenta que la nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones: ‘noblesse oblige’, nobleza obliga. Vivir  a gusto es cosa de plebeyos, el noble aspira a ordenación y a la ley; la nobleza equivale a esforzado o excelente, no equivale a la nobleza heredada por títulos honoríficos.  De esas definiciones podemos definir que la disciplina fue, es y seguirá siendo parte muy importante de la pedagogía. Se observa a la disciplina como parte esencial del desarrollo de los alumnos, así como parte esencial del sustento de la sociedad al generar personas de bien, que con su correcto comportamiento hacen que se mantenga el desarrollo y el progreso que hasta la fecha se lleve.

Hoy en día los estudios sobre disciplina siguen dándose de manera frecuente y profunda. La disciplina constituye uno de los principales elementos del proceso de enseñanza - aprendizaje a través del cual los alumnos aprenden a vivir como miembro de una sociedad, por lo que se presenta como una cuestión relevante tanto en los contextos educativos como familiares y sociales, García Correa , 2008. Según el diccionario de la Real Academia Española es disciplina la “doctrina o instrucción de una persona especialmente en el ámbito de lo moral”. Ejemplos: la disciplina colegial, la disciplina militar.

Es claro ver que es más de un autor, más de una época y en más de una ocasión la que se ha denotado que es de suma importancia la disciplina en los proceso de formación de niños y jóvenes. Kant Menciona que la única forma de eliminar a la barbarie es mediante la disciplina, pues es ésta la que hace civilizados a los seres. En la medida que el humano crezca como persona, siendo educado e instruido en los valores que se requieren para ser buenas personas, tanto moral como profesional y espiritualmente, en esa medida se crecerá como sociedad.

Es la disciplina lo que lleva al hombre a alcanzar sus mayores logros. Hoy en día escuchamos que el actor, el deportista, el atleta, el profesor, el alumno, y cualquier persona practicante de sea cual fuera la actividad y / o profesión, requiere de disciplina para lograr sus objetivos. Es claro que la disciplina está encaminada a el hecho de hacer lo que se debe de hacer cuando se debe de hacer y de la forma en que se debe de hacer.

Cuando observamos como educadores a un joven o niño que mantiene un comportamiento no deseable, hablamos de una falta de disciplina en su formación, cuando se observa a un “adulto” cronológicamente hablando, desarrollando actitudes no “propias” para su edad se comenta que hubo carencia de disciplina en su desarrollo infantil, y así como esos encontramos muchos casos donde el común denominador de las conversaciones es la falta de disciplina, mas sin embargo vemos que en muchas ocasiones son las mismas instituciones, los mismos profesores y los mismos padres de familia los que ni siquiera tienen en claro el concepto de disciplina, y mucho menos el llevarlo a cabo.

Frases como que mi hijo haga lo que yo no pude hacer, que mi hijo experimente lo que yo no pude, y que viva lo que yo no, nos lleva a una malformación del concepto de disciplina que hoy por hoy deja grandes huecos en los sistemas formativos y académicos de los adolescentes. La inercia que dejó la disciplina es seguida por muy pocos y el acomodo de una sociedad sin dirección pareciera estar destinada al caos y a verse forzada a reestructurarse de manera cabal, total y prácticamente urgente.

“La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde”. José Ortega y Gasset.

Ese gozar por gozar del fruto, es lo que hoy nos lleva a tener esas grandes lagunas sociales como cita Ortega y Gasset, la falta de disciplina que promueve la sociedad en gran medida en sus nuevas formas de ver la vida, de trabajar, de formarse e instruirse marca y hace lenta la forma en que avanzamos en comunicación desarrollo y progreso.

En etapas tempranas de la infancia, existe la manera de limitar e imitar comportamientos, de guiar formas de actuar y sobre todo de encaminar actitudes hacia la vida, las autoridades, la sociedad misma, tenemos forma de delimitar reacciones y encaminar conductas que a la larga serán distintivas y destacables de un joven del mañana, con un sentido de servicio, autocontrol y empatía al saber las limitaciones y consecuencias de un mal encaminamiento de de energías, actitudes y acciones. Se debe regresar a formar con base en la disciplina, se debe encarrilar a esa niñez que pugna por vivir su libre albedrío, se debe limitar con sentido de imparcialidad y proyección a futuro en estabilidad social, la conducta de la niñez y de los adolescentes.

Como resultado de una generación de padres que disciplinariamente se reveló contra las autoridades (sesentas, setentas y ochentas) hoy tenemos un sentido de poder y propiedad desmedido en los jóvenes de hoy. El no haber puesto límites y haber hecho reflexión en lo que es y no es tuyo, en lo que puedes y no puedes, en lo que debes y no debes, nos trae a la orilla en éste oleaje social que acerca a escuelas y trabajos, profesores, empleados, empleadores y políticos que tienen una noción equivocada de la libertad, que se adueñaron de su disciplina y hoy en día viven bajo su idiosincrasia sin topes que la limiten, y se sienten dueños de la gente, se adelantan en las filas de los bancos, no ceden el asiento a los mayores, entretienen a los niños con dinero, juguetes y electrónicos en vez de dialogar, guiar y formar, tenemos políticos sin escrúpulos que sólo viven y ven por sus intereses y nada más, tenemos profesores que trabajan por dinero y no enseñan por vocación, cavando rápido y profundo en la desgracia de la juventud, mal informada, mal educada, indisciplinada.

Hoy ya no podemos dar marcha atrás como si nada hubiera pasado, desgraciadamente una filosofía de la educación como la que compartía Juan Bosco de Prevención, así como tal hoy no es posible. Sería bueno considerar que la prevención deberá aplicar a las incipientes generaciones que apenas se comienzan a desarrollar en nuestra sociedad y tomar principios y bases de una teoría preventiva con la más clara y fuerte acción Correctiva, para así, poder re direccionar las masas, re direccionar a la sociedad, re direccionar el futuro.

Si padres de familia, profesores, escuelas y demás instituciones, vieran en la juventud y la niñez lo que en realidad son, un semillero de valores y talentos, traedores de soluciones (para bien) o bien proveedores de problemas (para mal), dependiendo su dirección y guía, se tendría una visión más clara de lo que se quiere, espera y necesita. Se debe retomar la línea de la disciplina en el sentido de brindar educación y guía, con el único y firme propósito de revalorar y dignificar a la persona como persona misma, encaminando a los niños en una senda controlada de comportamiento que soporte la falta de valores morales y universales que se viven hoy en día. El niño y adolescente debe de contar con una concordancia en valores y exigencias por parte de sus dos familias, la biológica y la académica, haciendo así ese empate que se requiere a la hora de formar individuos integrales, completos, balanceados, disciplinados.

Al momento de lograr una educación fuerte, con disciplina y valores además de conocimientos, estaremos apostando a que las siguientes generaciones repliquen lo que vivieron dando línea al futuro. La educación de una persona comienza dieciocho años antes de su nacimiento menciona el militar y político Napoleón Bonaparte, haciendo alusión a que la educación del que hoy nace comenzó años atrás cuando los que en ese momento se convierten en padres fueron educados. En ese sentido todo lo que se aprenda, lo que se adquiera, lo que se practique podrá ser compartido de manera natural a las siguientes generaciones, y si hoy ponemos cartas en el asunto y no dejamos a que el universo por sí mismo encuentre un balance y se reajuste solo, y nos comprometemos a resanar esa herida sociedad, falta de valores y sobre todo indisciplinada, podríamos hablar de un descenso en las problemáticas sociales, mejor convivencia social, procesos democráticos más ágiles y fieles a la verdad y voluntad del pueblo, mejor seguimiento de las leyes y sobre todo, un futuro consciente, maduro y educado, que tanto anhelamos y falta nos hace.

Referencias Bibliográficas

Ackweman, W. (1986). Summerhill. Pro y contra 6a. Ed. México: Fondo de Cultura Económica.

Barrena , J. (1971). Los fines de la educación en José Ortega y Gasset.Revista Española de Pedagogía, 1(116). Pags 393 - 410

García, M. (1975). La filosofía de Kant. Madrid, España: Espasa-Calpe.

Gotzens, C. (2001). La disciplina escolar. Barcelona: Edtitorial Horsori.

Wast, H. (1992). Don Bosco y su tiempo (segunda edición). Madrid, España: Palabra. 

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